Investigaciones publicadas en enero de 2026 confirman que las canciones que escuchamos entre los 13 y 17 años crean huellas emocionales y neuronales más profundas que cualquier otra música en la vida. Este fenómeno, conocido como el "remitente de la memoria", está siendo utilizado en terapias de vanguardia para pacientes con demencia y Alzheimer temprano, ya que estas melodías actúan como "llaves" que abren áreas del cerebro que otras funciones cognitivas ya no pueden alcanzar.
Un estudio reciente de la Universidad de Monash analizó a más de 10,000 adultos mayores y descubrió que aquellos que mantienen un contacto habitual con la música de su juventud muestran una reducción significativa en la velocidad del deterioro cognitivo. La música no solo evoca recuerdos autobiográficos, sino que refuerza la plasticidad neuronal al activar simultáneamente redes auditivas, emocionales y motoras.
En la práctica clínica de este año, se está recomendando la creación de "playlists biográficas" personalizadas. Estas listas de reproducción no solo mejoran el estado de ánimo, sino que reducen la agitación en pacientes geriátricos, permitiendo en algunos casos disminuir la dependencia de sedantes ligeros, marcando un avance hacia tratamientos no farmacológicos más humanos.
